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La primera de Sabana Iglesia

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jueves, 31 de diciembre de 2009

ADIOS 2009, BIENVENIDO 2010

Por:Arq. Edwin Almonte
www.sabanaiglesia.org
31 diciembre 2009



El año 2009 está agonizando. A las 12 de la medianoche se reunirá con el año 2010 para entregarle su reinado. Esta entrega se hará exactamente a la hora señalada ni un segundo antes ni un segundo después.

Antes de que eso suceda, deseamos un año 2010 lleno de amor, de paz, de felicidad y prosperidad para todos nuestros visitantes.
Que Dios esté siempre abriendo puertas a todos los que trabajan a favor de la paz y la hermandad.

FELIZ AÑO 2010 SABANA IGLESIA. FELIZ AÑO 2010 PARA TODOS.

martes, 29 de diciembre de 2009

LADRONES DE GAS

Por:Arq. Edwin Almonte
www.sabanaiglesia.org
30 diciembre 2009
EN LA CARRETERA SÁNCHEZ
Cierran planta de gas estafaba a clientes con la mitad de cada galón vendido

La estafa sería de hasta 453 pesos por cilindro de gas.
11:47 PM Santo Domingo.- La planta envasadora de Gas Licuado de Petróleo “Lucer Gas”, fue cerrada por el Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor, (Pro Consumidor), tras comprobarse que estafaba a los clientes con medio galón por cada galón vendido, informó hoy ese organismo. Un documento de la entidad señala que la planta está ubicada en el kilómetro 7 de la Autopista 30 de Mayo y que sus operaciones fueron suspendidas por inspectores de Pro Consumidor.

¿24 Horas de que? ....¿De Energía o de Apagones?

Por:Arq. Edwin Almonte
www.sabanaiglesia.org
30 diciembre 2009

Sabana Iglesia está recibiendo una tanda de apagones "Goliáticos" y desconsiderados desde hace unos meses.
Los apagones se extienden por espacio de seis a ocho horas diariamente, lo que se considera como desproporcionados si vemos que estamos dentro de un circuito de 24 horas de energía, el cual se le prometió a Sabana Iglesia y Baitoa y el cual, funcionó bien por un buen tiempo.

Sin embargo los apagones se han incrementado, a pesar de que estamos en el periodo de navidad, donde las familias tienden a reunirse y a compartir en las casas.

Muchas personas pusieron su esperanza en que la energía eléctrica iba a mejorar luego de la entrada del empresario Celso Marranzini a la administración de la CDEEE, sin embargo no se ha solucionado nada al respecto.

Yo le pregunto:
¿Cree usted que es correcto que Sabana Iglesia pase por las penurias de los apagones, siendo este un municipio rodeado de hidroeléctricas?

Lamentablemente debemos decir que un día de la historia la CDE entró a Sabana Iglesia montada en el lomo de "Sococo"dándole espejitos por oro a los habitantes de las zonas a desalojar, cual Colón en tierra de indígenas, desalojó nuestra gente de la Culata y parte de Palo Amarillo enviándolos a Villa Bao, pagándole sumas irrisorias por sus tierras abonadas de historia y recuerdos.
La CDE se comió el filete en aquel tiempo, se está comiendo la masa hoy y hasta nos hace "lico" con la hidroeléctrica Tavera que está en nuestro pueblo produciendo energía a la cual nosotros no tenemos acceso porque hemos sido hombres poco empantalonados para reclamar nuestros derechos, y que cuando, a veces, queremos reclamarlos, ellos ya, con palillo en la boca, nos reúnen en un club para regalarnos los huesos que le quedan en el plato, los cuales empezamos a roer y nos "embullamos" con ellos.


Venden un "Chele" por 1.3 Millones de dólares

Por:Arq. Edwin Almonte
www.sabanaiglesia.org
29 diciembre 2009

Moneda de un centavo vendida por 1.3 millones de dólares


La moneda de un chele es la primera que supera el millón de dólares


NUEVA YORK.- Una moneda de un centavo de dólar (un chele) que data de 1785, fue vendida en subasta por $1.3 millones de dólares y es una de las únicas siete que existen en el mundo, reportó el diario especializado en finanzas Wall Street Journal.


Es la primera que una moneda de esa denominación supera la cifra de cerca de más $1 millón y en una transacción anterior, otra se expendió por $1.1 millones también en una subasta. El diario explica que la venta de la moneda de 1785, fue parte de una sofisticada colección de monedas insólitas, entre las que además, se incluyeron de 50 centavos de dólar.


Las monedas, que figuran entre las más populares y son conocidas como "Aguila Doble de Saint Gaudens o $20 dólares en oro macizo y que provienen del siglo XX, fueron puestas a la venta en $1,700 dólares cada una a pesar de que su condición no es perfecta. El precio ha batido un récord de dos décadas.


Las transacciones se lograron gracias a que el mercado numismático actual está en parte definido por inversionistas de primera línea que se están quedando con las monedas más peculiares que se venden en muy contadas ocasiones.


También en ese mercado figuran coleccionistas de oro que buscan conseguir la mayor cantidad posible de esas monedas de ese metal precioso y especuladores que empujan el alza de los precios., pero aún así, el valor de las monedas coleccionables más comunes como las de 1, 10 y 25 centavos, ha caído hasta en un 30% en el ultimo año. El especialista John Albanese de la firma Certified Acceptance en New Jersey, dijo que hoy en día, es mucho más fácil vender una moneda en $100 mil que otra de $1,000.


Entre tanto, las ventas de monedas de oro han experimentado un alza de hasta un 75% en la casa de subastas en línea Heritage Auctions con sede en Texas.


TELEFONO MODERNO

Por:Arq. Edwin Almonte
www.sabanaiglesia.org
29 diciembre 2009

Por AP 29 de Dic 2009 10:05 AM

Un grupo de artistas californianos se encuentran desarrollando un teléfono celular con navegador GPS que podría ayudar a inmigrantes ilegales deshidratados a hallar agua, además de regalarles poesía, en momentos en que llevan a cabo su peligrosa y dura labor de atravesar los desiertos hacia Estados Unidos.
La Herramienta del Inmigrante Transfronterizo, creado por los maestros de la Universidad de California en San Diego es en parte una empresa de tecnología y a su vez un proyecto de arte.

El sistema le da un giro de alta tecnología a un viejo debate sobre qué tan lejos pueden llegar los activistas para impedir que los posibles inmigrantes no mueran en la frontera con México pero sin violar la ley.

Los simpatizantes de políticas duras contra la inmigración argumentan que los activistas están ayudando al ingreso ilegal de inmigrantes a Estados Unidos, lo cual es un delito.

Incluso algunos inmigrantes y sus simpatizantes dudaban si el aparato podría facilitar esas peligrosas aventuras por el desierto.

Los diseñadores, tres artistas visuales que son catedráticos de la Universidad de California en San Diego así como un profesor de inglés de la Universidad de Michigan no se atemorizan y critican la política estadounidense que dice que da la bienvenida a la inmigración ilegal siempre y cuando signifique mano de obra barata y a la vez no hace nada para impedir que mueran al intentar el cruce de la frontera.

``Es simplemente para darle agua a alguien que está muriendo de deshidratación en el desierto'', indicó la catedrática Micha Cárdenas, de 32 años.


lunes, 28 de diciembre de 2009

Hoy hace 47 años de la masacre de Palma Sola

Por:Arq. Edwin Almonte
www.sabanaiglesia.org
28 diciembre 2009

Palma Sola

La Masacre de Palma Sola, ocurrió el 28 de diciembre de 1962, Día de los Santos Inocentes. Sonó un disparo y desde ese momento las fuerzas policíaco-militares, los oficiales al mando y las autoridades civiles reaccionaron de manera desorganizada. Por instinto trataron de reencontrarse en el punto desde donde se había accionado el arma.

Una balacera en fuego cruzado produjo cientos de víctimas mortales del bando liborista y algunos heridos entre las fuerzas regulares del Ejército y la Policía.

El Coronel policial Guillermo Guzmán Acosta, había sido herido de un disparo en el pecho, el proyectil le penetró por la tetilla izquierda y salió por la axila del mismo lado. En esas condiciones y acompañando al oficial salieron del lugar bajo una "lluvia de balas". Con su mano izquierda hacía presión sobre su herida y con la derecha conducía el vehículo hasta llegar al hospital de San Juan de la Maguana.

Por su parte, el coronel Francisco Alberto Caamaño recibía asistencia en el hospital de Las Matas de Farfán, que entonces era dirigido por el doctor José Rodríguez Soldevila, quien semanas antes había servido de guía hacia Palma Sola a los periodistas de El Caribe Radhamés V. Gómez Pepín y Félix A. Gómez.

Previo a la masacre, hubo una campaña mediática desde un sector de la Iglesia Católica que condenaba las prácticas mágico-religiosas del movimiento liborista y lo acusaba de auspiciar el desorden e imponer la "lascivia y concupiscencia" en Palma Sola. Desde el Consejo de Estado se alentaba la acusación de que el movimiento recibía orientaciones de los remanentes de la tiranía trujillista, y podía ser causante de la crisis económica de la región y acopiar armas desde Haití.

Desde la embajada de Estados Unidos se "orientó" dispersar el "peligroso" movimiento, cuyo "Mesías" había sido perseguido y fusilado en 1922 por los marines durante la intervención militar (1916-1924).


Olivorio, Palma Sola, Bosch y Caamaño

Un debate sobre sobre un hecho histórico poco esclarecido

Por Juan Tobías de Leòn

Sin embargo, si de relatar los hechos históricos se trata, sería altamente imprescindible, desenterrarlos como una virgen inmaculada, para que así las nuevas generaciones sepan la verdad y solamente la verdad.

He aquí mi punto vista respecto a esa tragedia no solo del pueblo sanjuanero sino del pueblo dominicano.

Opinando simplemente sobre la entrevista del periodista Leo Reyes a los profesores suecos Lundias y Landahl, estamos de acuerdo en el punto de que el movimiento de Palma Sola no fue simplemente religioso, sino que tuvo un matiz socio-económico y de liderago, una forma de expresión que en momentos de vacío político, se manifiesta en cualquier espacio o tiempo.

Entonces vino esa carencia de entendimiento y de comunicación con los lideres de aquel entonces, los cuales eran nada menos que los "consejeros o mejor conocidos como los miembros del Consejo de Estado, siendo el Licenciado

Rafael F. Bonnelly el principal líder" y se produce la crisis y después la masacre.

Ahora bien, en cuanto a los personajes que los profesores suecos se refieren que tienen cierta culpabilidad o encubrimiento en la masacre, para mi solo dos podrían ser cuestionable: Imbert Barreras y Joaquín Balaguer.

Imbert Barreras se hace famoso por su participación en el ajusticiamiento de Trujillo. Sin embargo, poco se ha dicho de su otra persona ligada desde mucho antes del complot del 30 de Mayo del 1961 a los intereses de la oligarquía dominicana aliada a Estados Unidos y que culmino como el líder del bando (gobierno de Recontracción Nacional) que se oponía a la constitución del 1963 durante el conflicto de Abril del 1965 y que desde entonces fue y ha sido uno de los más ferviente defensores del desorden impuesto como "democracia al pueblo dominicano". Si se puede hablar de la palabra "intocable" habría que investigar por que se aplica de una manera inherente a la persona de Imbert Barreras.

En cuanto a Joaquín Balaguer: "LA PAGINA EN BLANCO. MEMORIA DE UN CORTESANO EN LA ERA DE TRUJILLO".

No olvidemos que el Consejo de Estado estaba compuesto por los representantes de la oligarquía que se adueño del poder después de la muerte de Trujillo.

Estos aceptaron que se celebraran elecciones el 20 de diciembre de 1962 en la que salio triunfante el profesor Juan Bosch pero el montaje de la conspiración contra el gobierno de Bosch estaba ya en camino, antes de entregársele el poder.

La tragedia de Palma Sola fue impulsada por los sectores mas radicales de la oligarquía dominicana de esos tiempos.

Estos se sentían atemorizados frente al vacío de poder y de crisis política que había en aquel entonces, se temía a cualquier resurgimiento de lideres o caudillos. El ejemplo de sublevación

del general Pedro Rafael Rodríguez Echavarrias ( en la base aérea de santiago) como líder militar en el año 1961 a la caída de Trujillo y del acto de desesperación de un supuesto golpe de estado primero y un "contra-golpe después", demuestra la incongruencia del sector más radical de la oligarquía de no permitir liderazgo. Palma Sola no fue ni ha sido la excepción.

Para Caamaño diremos lo siguiente: hablando de los acontecimientos de los años 1961-1963. El general Rodríguez Echavarrias quedo como el líder militar en los días a la caída de Trujillo. El instinto del general Echavarrias fue siempre "anti-oligárquico" , la oligarquía le temía, y en aquel momento de confusión, esta logro unir a todo el aparato de estado en contra de este.

Entre los contra-golpistas que hicieron preso al general Rodríguez Echavarrias, estaban nada menos que dos héroes nacionales: los coroneles Francisco Alberto Caamaño Deñó y Rafael Tomás Fernández Domínguez. Sin embargo, estos pensaron que al tumbar a Rodríguez Echavarrias estaban sentando la base para un sistema democrático, no se daban cuenta que eran los sectores radicales de la oligarquía dominicana que lo habían puesto en ese juego. La tal democracia no era posible para los oligarcas. Es decir, tenemos a un Caamaño y aun Fernández Domínguez golpista.

Entonces, viene el Consejo de Estado, la oligarquía en el poder, Palma Sola.

Se usa a las fuerzas armadas, se comenta que dicha aventura militar fue supervisada por asesores militares norteamericanos ( uno de los asesores decía que " era una carnicería, había que ver aquello, era matar por matar").

Aquí vienen algunas interrogantes: Quien dio la orden de disparar? .....Caamaño?

Caamaño era un simple teniente coronel en aquella época de Diciembre del 1962 y habían generales en la matanza? Hubo asesores norteamericanos? Fue una treta de la oligarquía en aquella época de quemar a los jóvenes militares a los cuales ella sospechaba que tenían inclinación democrática? Pues no solo Caamaño participó en ella, también participaron Caonabo Fernández Domínguez y el coronel Fernández Domínguez ( héroe nacional) hijos del general Ludovino Fernández ( quien fuera muerto en San Juan por el guarda espalda del coronel Neit Nivar por el año 1957).

Me recuerdo como ahora mismo cuando las tropas estaban descansando en el parque Sánchez al anochecer de su regreso de Palma Sola, frente al restaurante de mi padre algunos heridos quejándose, después de esa larga jornada. Recuerdo también, cuando el Doctor Josesito García que en ese entonces era estudiante de medicina de la UASD ( el hijo de don José García, agricultor, que Vivian detrás de la escuela primaria al lado del profesor Yaque Herreras) llegó con una lata de pintura y con una brocha escribió en la intercesión de las calles Independencia y Duarte: " Fuera Caonabo Fernández ". A que se debía la actitud del Dr. Josesito García frente a los hijos del general Ludovino Fernández ? Bueno se sabe que el general Ludovino Fernández fue uno de los esbirros militares de Trujillo.

Atribuir la dirección en la matanza de Palma Sola al coronel Caamaño es algo que no encuadra en mi itinerario de la lógica. Ahora bien, si se quiere hablar de su participación, entonces quizás podemos admitir que allí estuvo como otros. Pero los hombres cuando sirven a instituciones de disciplina férrea como son las fuerzas armadas, en un momento dado independientemente de su convicción de no cometer un crimen o un atropello, se ven envueltos en situaciones tan difíciles que solo Dios sabrá.

El coronel Caamaño era además de soldado, un ser humano, que vivió una vida de muchas contradicciones hasta el punto que llego el momento de quitarse toda las purgas de encima, y se convirtió quiéranlo o no, en el ejemplo de héroe nacional.

En cuanto a Bosch, tampoco es aplicable un grado de complicidad en el caso de Palma Sola, ya que los eventos, manipulados por la oligarquía, que siguieron antes y después de la toma de posesión de su gobierno, le restaron movimiento para desenmascarar muchas intrigas en el drama dominicano de esa época. Solo con el ordenamiento de la casa del gobierno y del país que había estado diseñado a los antojos de Trujillo, le tomaba el tiempo a cualquier experto. Quizás se ha querido decir que Bosch ha encubierto la muerte del general Rodríguez Reyes pero la verdad es que un caso de esa naturaleza se necesita un FBI o una CIA para investigar los sucesos y los protagonistas.

Cuando Bosch era gobierno sòlo tuvo de aliado en las fuerzas armadas a doce jóvenes oficiales entre ellos el mas lucido, el coronel Fernández Domínguez.

Es decir, como usted desde el gobierno podría investigar un caso de esa magnitud cuando no cuenta con aliados militares y ya su gobierno lo van a tumbar?. Yo creo que eso es también absurdo involucrar a Bosch.

domingo, 27 de diciembre de 2009

HURGANDO EN LA HISTORIA

Recopilado Por:Arq. Edwin Almonte
www.sabanaiglesia.org
27 diciembre 2009

La Batalla del Matún (Parte final)


La segunda fase del asalto
Continuación del relato de William Wall

Serían aproximadamente las 2:00 de la tarde y aún no habíamos terminado de tomar el primer vaso de refresco que se nos brindaba junto a la piscina, cuando comenzó nuevamente el ataque al hotel con un nutrido fuego de armas automáticas. Mi amigo y yo corrimos con nuestro equipaje hacia el bar del hotel que se encontraba entre la piscina y el área de parqueo, separado del lobby por un espacio abierto a ambos lados. En el bar cuyo interior estaba bastante dañado con vidrios rotos esparcidos por todo el suelo, nos encontramos con un hombre que empuñaba un revolver escudándose detrás de una mesa que había volteado. Al vernos nos dijo que él “se defendería hasta la muerte” lo cual dada las circunstancias y lo expuesto del lugar en que estábamos, me pareció muy probable.

Mi amigo y yo decidimos salir de aquel lugar tan vulnerable y empujando las maletas con fuerza hacia el lobby, corrimos detrás de ellas; las recogimos y volvimos al lugar donde habíamos pasado la mañana al lado de la barbería. Allí nos encontramos con las mismas personas incluyendo los norteamericanos del circo. Seguíamos apostando a que los defensores continuaran manteniendo a raya a los atacantes. El ataque continuó ininterrumpidamente y con brío hasta las 5pm cuando oímos en la distancia el ruido de helicópteros que se acercaban, Era evidente que pertenecían a las fuerzas de ocupación que finalmente habían decidido ponerle fin a ese insensato y despiadado ataque a un hotel lleno de personas inocentes entre los cuales se encontraban ciudadanos norteamericanos. ¿Si la excusa para intervenir y ocupar el país fue “para salvar vidas norteamericanas”, porqué tardaron tanto en llegar?

El final de la odisea

Cesan los disparos y los sustituye el ruido de los motores y las aspas de los helicópteros. Poco después se acercan al hotel unos oficiales norteamericanos, Salimos del corredor y desde la entrada del hotel pudimos observar como fuerzas norteamericanas rodeaban el lugar y se retiraban los efectivos dominicanos. El asalto había fracasado para la felicidad de los que habíamos sido el blanco de un nutrido fuego de fusiles, ametralladoras y tanques durante 7 horas. Se acabaron las dudas……, podríamos celebrar las navidades y la llegada del año 1966, algo que hasta ese momento parecía poco probable.

Los que estaban en el hotel y residían en Santo Domingo, incluyendo, los defensores Constitucionalistas fueron evacuados por los norteamericanos en helicópteros. Mi amigo y yo decidimos bajar a la ciudad de Santiago, pero esa arriesgada experiencia dada las circunstancias del momento, pertenece a otra faceta de esta historia.

Conclusión

Existen tres motivos fundamentales a los cuales se le puede atribuir el que saliéramos con vida del Hotel Matún y que los defensores sufrieran pocas bajas numéricas aunque muy dolorosas.

1. Al valor y alto nivel de capacitación de los efectivos constitucionalistas y los oficiales que dirigieron la defensa del hotel frente a una fuerza muy superior en número y en armamento. A ellos le debemos nuestras vidas ya que estoy convencido que si los atacantes hubiesen ocupado el hotel habrían masacrado a los sobrevivientes sin recato. En el Hotel la consigna era que si el ataque persistía, al oscurecer los combatientes Constitucionalistas descenderían a Santiago infiltrándose entre las fuerzas atacantes y tratarían de iniciar un levantamiento popular en la ciudad. Las probabilidades de lograrlo eran altas y las consecuencias de tal acción hubiesen sido muy sangrientas. .

2. A la ineptitud de los atacantes. Aunque el asalto no hubiese sido planificado con días de antelación y la debida preparación, la superioridad numérica; el armamento disponible y la sorpresa (aunque esta se hubiese perdido parcialmente en la agresión durante la ceremonia en el cementerio) les proporcionaba a los atacantes una ventaja crucial que so supieron aprovechar. Estratégica y tácticamente el asalto fue un verdadero fracaso con numerosas bajas en las filas de los agresores.

3. A que los aviones estuviesen desarmados. En una conversación veinte años después (1985) con un oficial que estaba de servicio en la base aérea de Santiago el día del asalto al Matún, este al conocer mi experiencia me informó que yo estaba con vida por un singular hecho que procedió a relatar. Ese día en la mañana durante el asalto, aterrizaron en Santiago dos P51, aviones de caza de la Fuerza Aérea Dominicana procedentes de la base de San Isidro. Estaban desarmados debido a las restricciones impuestas por las fuerzas extranjeras de ocupación, y solicitaron al jefe de la base que los armaran con municiones para sus ametralladores y cohetes aire/tierra para atacar el hotel. El comandante de la base en Santiago rehusó hacerlo sin una orden escrita del oficial superior en San Isidro. Esa condición fue obviamente rechazada y los aviones no fueron armados. Eso explica el motivo por el cual no dispararon durante el ataque al hotel limitándose a sobrevolar para intimidar. Como bien añadió aquel oficial, si esos dos aviones hubiesen atacado con los armamentos de que disponía la base de Santiago dudo que hubiesen sobrevivido mucha gente en el hotel.

Tal vez este breve relato de la historia dominicana debió escribirse mucho antes. Lo he llevado dentro de mi por mucho tiempo y ahora lo comparto con todos los lectores en homenaje a los que estaban en el Matún; combatientes; mujeres; niños; dominicanos; y extranjeros, todos victimas de un horrendo acto de barbarie. Yo fui soldado de infantería liguera del ejército Británico. Fui entrenado extensamente y participé en numerosas maniobras y práctica de combate pero nunca tuve que disparar un tiro en combate real. Ese entrenamiento sirvió para entender el peligro al que estábamos expuestos en el Matún y tal vez por eso mi frustración fue mayor que la de muchos otros. Mi entrenamiento militar donde se nos inculcaba que debíamos proteger a los civiles y respetar a los soldados enemigos indefensos, me impedía concebir que miembros de un ejército de un país civilizado, pudieran iniciar una acción de esa naturaleza sin justificación ni siquiera por error, ya que no habían sido amenazados. No menciono provocación porque no la hubo y si la hubiese habido jamás podría justifica una reacción violenta de esa magnitud. Además es inimaginable que pudieran atacar un hotel, y más aún en tiempo de paz sin consideración a que la mayoría de los que estaban allí eran civiles indefensos ajenos al conflicto entre las fuerzas Constitucionalistas y en núcleo de las fuerzas armadas del otrora Gobierno de Reconstrucción Nacional, que a partir del 3 de setiembre dejó de existir como resultado del acuerdo de paz firmado entre las partes beligerantes el 30 de agosto.

No habían armas para todos los hombres que estábamos allí, de hecho habían muy pocas, pero si hubiesen caídos mas combatientes Constitucionalistas y la situación se hubiese hecho aún más critica, yo personalmente no hubiese dudado en empuñar un arma cualquiera para defender mi vida y la de muchos otros inocentes y estoy seguro que otros habrían hecho lo mismo.


Montes Arache (centro) durante el ataque al hotel Matum, de Santiago.


POR ANGELA PEÑA*

Foto del Hotel Matum de la época (1954).


“Yo iba atormentado camino a Santiago. Tenía un mal presentimiento. Pensaba que debíamos llevar alguna artillería o bazooka. Temía un ataque sorpresa a las fuerzas constitucionalistas”. José Urbano Rodríguez Castillo, llamado también “Osvaldo” y “Castillito”, cadete de abril que se rebeló contra el CEFA y abandonó San Isidro, hace la declaración al recordar el trayecto del luctuoso 19 de diciembre de 1965 cuando su comandante, el coronel José María Lora Fernández, cayó mortalmente herido intentado con valor neutralizar los embates de un tanque del Ejército.


Lora sabía que el cadete era guapo, “tremendista, dispuesto a todo”. Antes de integrarse a la guerra se había lanzado desde un camión para evitar ser apresado en la capital. Después, junto a su hermano Felvio, dirigente de “Fragua”, fue a pelear a Ciudad Nueva cuando “ya el CEFA estaba entrando por la parte alta”. Lora Fernández, Jefe de Estado Mayor del Ejército Constitucionalista, lo designó su ayudante personal.

La tragedia

Hace 45 años de la tragedia pero José Urbano, nacido el 25 de mayo de 1944 en La Vega, recuerda cada detalle del asalto al hotel Matum desde las cuatro de la madrugada cuando Lora Fernández, el sargento Liriano Peña y él, se levantaron y salieron para Santiago a escuchar una misa por el alma de Rafael Fernández Domínguez en cuyo panteón depositarían una corona de flores. Luego desayunarían en el Matum.

Lora conducía un “Pontiac” de la caravana en la que iba, entre otros, el coronel Caamaño, que ya había entregado el Gobierno a Héctor García Godoy. “Las negociaciones que se habían firmado fueron turbulentas, presionados por Bunker, Imbert Barreras, Mayobre y otros delegados internacionales. Yo era experto en bazooka y dije a mi comandante que lleváramos por si se producía un ataque, me dijo que no”, refiere.

Llegaron a la Catedral a las 7 AM y al concluir la Eucaristía se dirigieron al camposanto. En “Castillito” persistía la corazonada, por eso “mantuve mi fusil sobao y en primer tiempo”. Mientras Caamaño hablaba en la tumba de Fernández Domínguez, “dispararon desde un edificio” interrumpiendo la ceremonia. “Salió un grupo a perseguir al que disparó pero sólo localizaron el fusil, un Fal”.

“Osvaldo” permanecía vigilando al coronel Lora a quien cayó encima una persona provocándole un golpe en la cabeza “que lo dejó aturdido. Me puse en posición de disparo pero él llegó y nos dirigimos al Matum. Se pensó que ese disparo fue un incidente o una provocación a ver si nos dispersábamos para ellos entrar con las tropas. Pero no fue así”.

El asalto

Apenas diez minutos en el Matum, ya preparados para desayunar “llegaron 11 ráfagas de ametralladoras y tiros de fusiles que hicieron impacto en el hotel. Estábamos en un pasillo y todo el mundo gritó: “¡Vamos al segundo piso!”, cuenta el cadete retirado.

Montes Arache y la gente de Caamaño, narra, salieron a buscar fusiles a los carros, “yo no, estaba con el mío. Cuando subimos el coronel me ordenó que se lo entregara, era un G-3 de cañón largo, con dos patitas. Se lo devolví con 10 cartuchos de repuesto y me quedé con el revólver “Enriquillo”, me tiré de barriga en el pasillo pero advirtiéndole que el tanque del Ejército estaba apuntando hacia esa dirección”.

Todos, añade, le decían que se retirara, pero él seguía intentando darle en el cañón o al control del tanque para neutralizarlo. No le dio. “Estaba agachado, con la rodilla en el piso, y cuando se paró lo hizo inclinado y no raneando, parece que todavía estaba atontado por el golpe y ahí mismo hicieron dos disparos: uno impactó arriba y el otro atravesó dos paredes del hotel y lo alcanzó a él perforándole el fusil y parte del corazón. Murió al instante, sin decir nada”.

“Liriano resultó herido en un brazo. Peñita, escolta de Montes Arache, murió en combate afuera. De los nuestros murieron dos, de ellos 90 y tantos, y no fueron más porque Caamaño ordenó que no tiraran por detrás a un pelotón que salió desde un camión”.

Ver a su comandante sin vida le puso triste, “me salieron lágrimas pero debí tirarme de nuevo de barriga pues un tanque estaba penetrando por atrás. A un sargento hombre rana, Aníbal López, Montes Arache le entregó un lanzallamas y neutralizó la aguja de percusión del tanque, que no pudo disparar. Era lo que trataba de hacer Lora, pero a mucha distancia”, explica.

Sobrevino una calma “pero a las dos de la tarde dispararon de nuevo y nos voceaban que nos entregáramos. Los disparos cesaron porque Caamaño dijo que en el hotel estaban varios vicecónsules americanos”. A las cuatro PM, con la llegada de la Fuerza Interamericana de Paz, se negoció con Caamaño, se ordenó el alto al fuego y comenzaron a llegar helicópteros para transportarlos hacia Santo Domingo.

Hoy, José Urbano, hijo de Ángel Esteban Rodríguez y María Teodora Castillo define el asalto al Matum como “un hecho trágico, salvaje. Volvimos 40 años después para celebrar el acto que no se pudo concluir en 1965”.
Lora “era un hombre de gran capacidad militar, sereno pero decidido. Fue de los estrategas de Caamaño por la defensa de la ciudad ante los ataques de los invasores”, dijo.

Piensa que no murió entonces “porque él me ordenó que le entregara el fusil, yo estaba en la posición donde lo mataron pero me retiré arrastrándome en medio del tiroteo, sólo me alcanzó un pedazo de concreto en la rodilla derecha. No era mi día”. El ataque ocurrió, significa, “porque no fuimos lo suficientemente cautos con el yanqui invasor”.

Confiesa que rememora aquellos acontecimientos con gran pesar pero vuelve a la realidad razonando: “La guerra tiene eso como consecuencia, unos mueren, otros no”.


Un mensaje a la Conciencia

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27 diciembre 2009
EL VERDADERO SENTIDO DE LA NAVIDAD
por Carlos Rey



Un hombre recibió de parte de su hermano un automóvil como regalo de Navidad. Cuando salió de su oficina esa Nochebuena, vio que un niño desamparado estaba caminando alrededor del brillante auto nuevo y que lo contemplaba con admiración.

—¿Este es su auto, señor? —preguntó el niño.

El hombre afirmó con la cabeza.

—Mi hermano me lo dio como regalo de Navidad.

El niño se quedó asombrado.

—¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? A mí sí que me gustaría... —titubeó el niño.

El hombre se imaginó lo que iba a decir el niño: que le gustaría tener un hermano así. Pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció al hombre de pies a cabeza:

—Me gustaría poder ser un hermano así.

El hombre miró al muchacho con asombro, y se le ocurrió preguntarle:

—¿Te gustaría dar una vuelta en el auto?

—¡Claro que sí! ¡Me encantaría!

Después de un corto paseo, el niño se volvió y, con los ojos chispeantes, le dijo al hombre:

—Señor, ¿sería mucho pedirle que pasáramos frente a mi casa?

El hombre sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Seguramente deseaba mostrarles a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil. Pero, de nuevo, el hombre estaba equivocado.

—¿Se puede detener donde están esos dos escalones?

El niño subió corriendo, y al rato el hombre oyó que regresaba, pero no tan rápido como había salido. Era que traía a su hermanito lisiado. Tan pronto como lo acomodó en el primer escalón, le señaló el automóvil.

—¿Lo ves? Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo dio como regalo de Navidad, y a él no le costó ni un centavo. Algún día yo te voy a regalar uno igualito... Entonces podrás ver tú mismo todas las cosas bonitas que hay en los escaparates de Navidad, de las que he estado tratando de contarte.

El hombre se bajó del auto y subió al hermanito enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, subió detrás de él, y los tres comenzaron a dar un paseo navideño inolvidable.

Esa Nochebuena, aquel hombre comprendió el verdadero significado de las palabras del apóstol Pablo, que a su vez recordaba las palabras de nuestro Señor Jesucristo: «Ahora los encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, mensaje que tiene poder para edificarlos y darles herencia entre todos los santificados. No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros. Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»1
1 Hch 20:32-35

viernes, 25 de diciembre de 2009

Cuento de navidad de Juan Bosch

Por:Arq. Edwin Almonte
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25 diciembre 2009

Cuento de navidad

CAPITULO 1

POR JUAN BOSCH*

*EL AUTOR fue escritor, político y patriota.


CAPITULO 1

Más arriba del cielo que ven los hombres, había otro cielo, su piso era de nubes y después, por encima y por los lados, todo era luz, una luz resplandeciente que se perdía en lo infinito. Allí vivía el Señor Dios.

El Señor Dios debía estar disgustado porque se paseaba de un extremo al otro extremo del cielo. Cada zancada suya era como de cincuenta millas y a sus pisadas temblaba el gran piso de nubes y se oían ruidos como truenos. El Señor Dios llevaba las manos a la espalda, unas veces doblaba la cabeza y otras la erguía y su gran cabeza parecía un sol deslumbrante. Por lo visto, algo preocupaba al Señor Dios.

Era que las cosas no iban como Él había pensado. Bajo sus pies tenía la Tierra, uno de los más pequeños de todos los mundos que Él había creado y en la Tierra los hombres se comportaban de manera absurda, guerreaban, se mataban entre sí, se robaban, incendiaban ciudades, los que tenían poder y riquezas y odiaban a los vecinos ricos y poderosos, formaban ejércitos y salían a atacarlos. Unos se declaraban reyes, y mediante el engaño y la fuerza tomaban las tierras y los ganados ajenos, apresaban a sus enemigos y los vendían como bestias. Las guerras, las invasiones, los incendios y los crímenes comenzaban sin que nadie supiera cómo, ni debido a qué causa y todos los que iniciaban esas atrocidades decían que el Señor Dios les mandaba a hacerlas y sucedía que las víctimas de tantas desgracias le pedían ayuda a Él que nada tenía que ver con esas locuras. El Señor Dios se quedaba asombrado.

El Señor Dios había hecho los mundos para otra cosa y especialmente había hecho la Tierra y la había poblado de hombres para que éstos vivieran en paz como si fueran hermanos, disfrutando entre todos de las riquezas y las hermosuras que Él había puesto en las montañas y en los valles, en los ríos y en los bosques. El Señor Dios había dispuesto que todos trabajaran a fin de que ocuparan su tiempo en algo útil y a fin de que cada quien tuviera lo necesario para vivir y con la claridad del Sol hizo el día para que se vieran entre si y vieran sus animales y sus sembrados y sus casas y vieran a sus hijos y a sus padres y comprendieran que los otros tenían también sembrados y animales y casas, hijos y padres a quienes querer y cuidar. Pero los hombres no se atuvieron a los deseos del Señor Dios, nadie se conformaba con lo suyo y cada quien quería lo de su vecino, las tierras, las bestias, las casas, los vestidos y hasta los hijos y los padres para hacerlos esclavos. Ocurría que el Señor Dios había hecho la noche con las tinieblas y su idea era que los hombres usaran el tiempo de la oscuridad para dormir. Pero ellos usaron esas horas de oscuridad para acecharse unos a otros, para matarse y robarse, para llevarse los animales e incendiar las viviendas de sus enemigos y destruir sus siembras.

Aunque en los cielos había siempre luz, la lejana luz de las estrellas y la que despedía de si el propio Señor Dios, se hizo necesario crear algo que disipara de vez en cuando las tinieblas de la Tierra y el Señor Dios creó la Luna. La Luna iluminó entonces toda la inmensidad. Su dulce luz verde amarilla llenaba de claridad los espacios y el Señor Dios podía ver lo que hacían los hombres cuando se ponía el Sol. Con sus manos gigantescas, Él hacía un agujero en las nubes, se acostaba de pechos en el gran piso gris, veía hacia abajo y distinguía nítidamente a los grupos que iban en son de guerra y de pillaje. El Señor Dios se cansó de tanta maldad, acabó disgustándose y un buen día dijo:

- Ya no es posible sufrir a los hombres.

Y desató el diluvio, esto es, ordenó a las aguas de los cielos que cayeran en la Tierra y ahogaran a todo bicho viviente, con la excepción de un anciano llamado Noé que no tomaba parte en los robos, ni en los crímenes, ni en los incendios y que predicaba la paz en vez de la guerra. Además de Noé, el Señor Dios pensó que debían salvarse su mujer, sus hijos, las mujeres de sus hijos y todos los animales que el viejo Noé y su familia metieran dentro de una arca de madera que debía flotar sobre las aguas.

Pero eso había sucedido muchos millares de años atrás. Los hijos de Noé tuvieron hijos y los nietos a su vez, tuvieron hijos y después los biznietos y los tataranietos. Terminado el diluvio, cuando estuvo seguro de que Noé y los suyos se hallaban a salvo, el Señor Dios se echó a dormir. Siempre había sido Él dormilón y un sueño del Señor Dios duraba fácilmente varios siglos. Se echaba entre las nubes, se acomodaba un poco, ponía su gran cabeza sobre un brazo y comenzaba a roncar. En la tierra se oían sus ronquidos y los hombres creían que eran truenos.

El sueño que disfrutó el Señor Dios a raíz del diluvio fue largo, más largo quizá de lo que Él mismo había pensado tomarlo. Cuando despertó y miró hacia la Tierra quedó sorprendido. Aquel pequeño globo que rodaba por los espacios estaba otra vez lleno de gente, de enorme cantidad de gente, unos que vivían en grandes ciudades, otros en pequeñas aldeas, muchos en chozas perdidas por los bosques y los desiertos. Y lo mismo que antes, se mataban entre si, se robaban, se hacían la guerra.

Por eso se veía al Señor Dios preocupado y disgustado, por eso iba de un sitio a otro, dando zancadas de cincuenta millas. El Señor Dios estaba en ese momento pensando qué cosa debía hacer para que los hombres aprendieran a quererse entre si, a vivir en paz. El diluvio había probado que era inútil castigarlos. Por lo demás, el Señor Dios no quería acabar otra vez con ellos, al fin y al cabo eran sus hijos, El los había creado y no iba Él a exterminarlos porque se portaran mal. Si ellos no habían comprendido sus propósitos, tal vez la culpa no era de ellos, sino del propio Señor Dios que nunca se los había explicado.

- Tengo que buscar un maestro que les enseñe a conducirse – dijo el Señor Dios para sí.

Y como el Señor Dios no pierde su tiempo, ni comete la tontería de mantenerse colérico sin buscarles solución a los problemas, dejó de dar zancadas, se quedó tranquilo y se puso a pensar. Pues ni aún Él mismo, que lo creó todo de la nada, hace algo sin antes pensar en el asunto. Una vez había habido un Noé, anciano bondadoso, a quien el Señor Dios quiso salvar del diluvio para que su descendencia aprendiera a vivir en paz y resultó que esos descendientes del buen viejo comenzaron a armar trifulcas peores que las de antes del tremendo castigo. Había sido mala idea la de esperar que la gente cambiara por medio o gracias al ejemplo de Noé, por tanto, el Señor Dios no perdería su tiempo escogiendo castigos ejemplares ni buscando entre los habitantes de la Tierra alguien a quien confiarle la regeneración del género humano. Pero entonces, ¿quién podría hacerse cargo de ese trabajo?

El Señor Dios pensó un rato, que podía ser un día, un año o un siglo pues para Él, el tiempo no tiene valor porque El mismo es el tiempo, lo cual explica que no tenga ni principio, ni fin. Pensó y de pronto halló la solución:

- El mejor maestro para esos locos sería un hijo mío.

¡Un hijo del Señor Dios! Bueno, eso era fácil de decir pero muy difícil de lograr. ¿Pues qué mujer podía ser la madre del Hijo de Dios? Sólo una Señora Diosa como Él y resulta que no la había, ni podía haberla. Él era solo, el gran solitario y sin duda, si hubiera estado casado nunca habría podido hacer los mundos y todo lo que hay en ellos, en la forma en que los hizo, porque la mujer del Señor Dios, cualquiera que hubiera sido – aún la más dulce e inteligente – habría intervenido alguna que otra vez en su trabajo y debido a su intervención las cosas habrían sido distintas, por ejemplo, la mujer hubiera dicho: “¿pero por qué le pones esa trompa tan fea al pobrecito elefante cuando le quedaría mejor un ramo de flores?” O quizá habría opinado que la jirafa no debía tener el cuello tan largo y ahora tendríamos una jirafa de patas larguísimas y pescuezo de seis pulgadas. Ocurrió siempre que cualquiera mujer convence a su marido de que haga algo en esta forma y no en aquella y así es y tiene que ser porque ella es la compañera que sufre con el marido sus horas malas y el marido no puede ignorar su derecho a opinar y a intervenir en cuanto él haga.

Pero el Señor Dios es solitario y tal vez por eso puso mayor atención en los animales machos que en las hembras, razón por la cual el león resultó mas fuerte que la leona, el gallo más inquieto y con más color que la gallina, el palomo más grande y ruidoso que la paloma. Y la verdad es que como Él no tenía necesidades como la gente, ni sentía la falta de alguien con quien cambiar ideas, no se dio cuenta de que debía casarse. No se casó y sólo en aquel momento, cuando comprendió que debía tener un hijo, pensó en su eterna soltería.

- Caramba, debería casarme – dijo.

Pero a seguidas se rió de sus palabras. ¿Con quién podía contraer matrimonio? Además, aunque hubiera con quien, Él estaba hecho a sus manías, que no iba a dejar fácilmente, entre otras debilidades, le gustaba dormir de un tirón montones de siglos y a las mujeres no les agradan los maridos dormilones.

La situación era seria y había que hallarle una solución. Eso que sucedía en la

Tierra no podía seguir así. El Señor Dios necesitaba un hijo que predicara en ese mundo de locos, la ley del amor, la del perdón, la de la paz.

- ¡Ya está! – dijo el Señor Dios, pero lo dijo con tal alegría, tan vivamente que su vozarrón estalló y llenó los espacios, haciendo temblar las estrellas distantes y llenando de miedo a los hombres en la Tierra.

Hubo miedo porque los hombres que van a la guerra como a una fiesta, son sin embargo, temerosos de lo que no comprenden, ni conocen. Y la alegría del Señor Dios fue fulgurante y produjo un resplandor que iluminó los cielos, a la vez que su tremenda voz recorrió los espacios y los puso a ondular. El Señor Dios se había puesto tan contento porque de pronto comprendió que el maestro de ese hatajo de idiotas que andaban matándose en un mundo lleno de riquezas y de hermosuras tenía que ser en apariencia igual a ellos, es decir, un hombre y que por tanto la madre de ese maestro debía ser una mujer. Así fue como el Señor Dios decidió que Su Hijo nacería como los hijos de todos los hombres, nacería en la Tierra y su madre sería una mujer.

Alegre con su idea, el Señor Dios decidió escoger a la que debía llevar a Su Hijo en el vientre. Durante largo rato miró hacia la Tierra, observó las grandes ciudades, una que se llamaba Roma, otra que se llamaba Alejandría, otra Jerusalén y muchas más que eran más pequeñas. Su mirada, que todo lo ve, penetró por los techos de los palacios y recorrió las chozas de los pobres. Vio infinito número de mujeres, mujeres de gran belleza y ricamente ataviadas o humildes en el vestir, emperatrices, hijas de comerciantes y funcionarios, compañeras de soldados y de pescadores, hermanas de labriegos y esclavas. Ninguna le agradó. Pues lo que el Señor Dios buscaba era un corazón puro, un alma en la que jamás hubiera albergado un mal sentimiento, una mujer tan llena de bondad y dulzura que Su Hijo pudiera crecer viendo la belleza reflejada en los ojos de la madre. El Señor Dios no hallaba mujer así y de no hallarla, toda la humanidad estaría perdida, nadie podría salvar a los hombres. De una mujer dependía entonces el género humano y sucede que de la mujer depende siempre, porque la mujer está llamada a ser madre, la madre buena da hijos buenos y son los buenos los que hermosean la vida y la hacen llevadera.

Iba el Señor Dios cansándose de su posición ya que estaba tendido de pechos mirando por el agujero que había abierto en las nubes, cuando acertó a ver, en un camino que llevaba a una aldea llamada Nazaret, a una mujer que arreaba un asno cargado de botijos de agua. Era muy joven y acababa de casarse con un carpintero llamado José. Su voz era dulce y sus movimientos armoniosos. Llevaba sobre la cabeza un paño morado y vestía de azul. El Señor Dios, que está siempre enterado de todo, sabía que se llamaba María, que era pobre y laboriosa, que tenía el corazón lleno de amor y el alma pura.

El Señor Dios tenía la costumbre de regañar consigo mismo, de manera que en ese momento dijo:

- Debo ser tonto, ¿pues por qué he estado buscando mujeres en las grandes ciudades y en los palacios, si yo sabía que María estaba en Nazaret?

Ocurre que el Señor Dios prefería admitir que era tonto antes que aceptar que de tarde en tarde su memoria le fallaba. Ya estaba algo viejo, si bien es lo cierto que Él había nacido viejo porque desde el primer momento de su vida había sido como era entonces, y desde ese primer momento lo sabía todo y tuvo sobre sí la responsabilidad de la vida, es decir, la de dar la vida, la de poblar los espacios de mundos y los mundos de seres, de plantas y de piedras, de montañas y de mares y de ríos. Con tantas preocupaciones encima, ¿a quién ha de extrañarle que se olvidara de la existencia de María? La había olvidado y esa era la verdad aunque Él no quisiera admitirlo. Pero he aquí que acertó a verla y de inmediato la reconoció, en el instante supo que ella debía ser la madre de Su Hijo. Gran descanso tuvo el Señor Dios en ese momento. Los hombres seguían en sus trifulcas, sus guerras y sus rapiñas y desde allá arriba el Señor Dios oía sus gritos, el tropel de sus caballerías atacándose unas a otras, veía a los reyes ordenando matanzas y celebrando grandes fiestas, a los mercaderes y a los sacerdotes de las más variadas religiones dirigiendo los cultos, cada uno diciendo que el suyo era el único verdadero, a los navíos cruzando los mares y a los pastores peleando a pedradas con los leones de los desiertos para defender sus ovejas. Y pensaba Él: “Pronto esos locos van a oír la voz de Mi Hijo”.

Para el Señor Dios decir “pronto” era como para nosotros decir “dentro de un momento”, sólo que el tiempo es para Él muy distinto de lo que es para nosotros. Todavía Su Hijo tenía que nacer, crecer y llegar a hombre. Pero si el Señor Dios había sufrido miles de años las locuras del género humano, ¿qué le importaba esperar unos años más?

Ahora bien, si se quiere que algo esté hecho dentro de un siglo, lo mejor es empezar a hacerlo ahora mismo, y así es como pensaba y piensa el Señor Dios. Además, Él no tiene la mala costumbre de soñar las cosas y dejarlas en sueño. Las mejores ideas son malas si no se convierten en hechos y el Señor Dios sabía que es preferible equivocarse haciendo algo a quedarse sin hacer nada por miedo a cometer errores. De manera que Él no debía perder tiempo, como no lo había perdido jamás cuando tenía algún quehacer por delante. Y ahora tenía uno muy importante: el de dar un hijo suyo a los hombres para que éstos oyeran por la boca de ese hijo la palabra de Dios.

Sucedía que María estaba casada desde hacía poco. Por otra parte, aunque se hallara soltera, el Señor Dios no podía bajar a la Tierra para casarse con ella. Él no era un hombre sino un ser de luz, que ni había nacido como nosotros, ni moriría jamás, a pesar de lo cual vivía y sentía y sufría. Era, como si dijéramos, una idea viva. Lo que Su Hijo traería a la vida no sería su rostro, no serían sus ojos, ni su nariz, sino parte de su luz, de su propio ser, de su esencia. Pero para que la gente lo viera y lo oyera, debería tener figura humana y para tener figura humana debía nacer de una mujer. Visto todo eso, no hacía falta que Él se casara con María, sólo era necesario que el hijo de María tuviera el espíritu del Señor Dios. Y eso había que hacerlo inmediatamente.

De vez en cuando, el Señor Dios tiene buen humor, le gusta hacer travesuras allá arriba. Esa vez hizo una. Él pudo haber soplado sobre sus manos y decir:

- Soplo, hazte un pajarillo y ve donde está María, la mujer del carpintero José, en la aldea de Nazaret y dile que va a tener un hijo mío.

Pero sucede que ese día Él estaba de buen humor y sucede además que Él conocía el corazón humano y sabía que nadie iba a creer a un pajarillo.

Por eso se arrancó un pelo de su gran barba, se lo puso en la palma de la mano y dijo:

- Tu vas a convertirte ahora en un ángel y te llamarás el Arcángel San Gabriel. ¡Pero pronto, que no estoy por perder tiempo!

Aquello pareció cuento de hadas. En un segundo el blanco pelo se transformó, creció, le salieron alas, se le formó una hermosa cabeza cubierta de rubios cabellos. Al abrir los azules ojos el Arcángel se llevó el gran susto.

- Buenos días, Señor... – empezó a decir, temblando de arriba, abajo.

- Señor Dios es mi nombre, joven – aclaró el Señor Dios -, y para lo sucesivo sepa que soy su jefe, de manera que vaya acostumbrándose a obedecerme.

- Si, Señor Dios, se hará como Usted mande.

- Empezando por el principio, como en todas las cosas, aprenda buenos modales, salude con cortesía a sus mayores y tenga buena voluntad para cumplir mis órdenes. Atienda bien, porque ustedes los ángeles andan siempre distraídos y olvidan pronto lo que se les dice. No ponga esa cara tan seria. Es muy importante saber sonreír, sobre todo, en su caso, pues usted va a tener una función bastante delicada, como si dijéramos, una misión diplomática.

- No se qué es eso, Señor Dios pero en vista de que Usted lo dice, debe ser así.

- Me parece muy inteligente esa respuesta, Gabriel. Creo que vas a ser un arcángel bastante bueno. Ahora, fíjate en esa bola pequeña que va rodando allá abajo. Obsérvala bien, es la Tierra y allá vas a ir sin perder tiempo.

El Arcángel San Gabriel miró hacia abajo y vio un tropel de mundos que pasaba a gran velocidad y como él acababa de abrir los ojos, más aún, acababa de nacer, no estuvo atinado cuando señaló a uno de esos mundos mientras preguntaba:

- ¿Es aquella de color rojizo que va allá?

Eso no le gustó al Señor Dios pues Él nunca había tenido paciencia para enseñar. De haberla tenido no habría pensado en un hijo para que sirviera de maestro a los hombres.

- Jovenzuelo – dijo -, haga el favor de poner atención cuando se le habla y no tendrá que oír las cosas dos veces. Le he enseñado la otra bola, la que está a la izquierda.

El Arcángel Gabriel era tímido. En verdad, no había tenido tiempo de formarse carácter. Le confundió sobremanera que el Señor Dios le tratara unas veces de “tú” y otras de “usted” y se puso a temblar de miedo.

- ¡Eso si que no! – tronó el Señor Dios - Estás lleno de miedo y nadie que lo tenga puede hacer obra de importancia. Tampoco hay que tener más valor de la cuenta, como les ocurre a algunos de esos locos que pueblan la Tierra y creen que el valor les ha sido concedido para hacer el mal y abusar de los débiles. Pero te advierto, hijo mío, que la serenidad y la confianza en sí mismo son indispensables para vivir conmigo, no quiero ni a los tímidos, porque todo lo echan a perder por falta de dominio, ni a los agresivos, que van por ahí causando averías, sino a los que son serenos porque la serenidad es un aspecto de bondad y la bondad es una parte de mí mismo. ¿Entiendes?

El Arcángel dijo que si, pero la verdad es que no entendió palabra, se sentía confundido, sorprendido de lo que le estaba ocurriendo minutos después de haber salido de un pelo de barba. Sólo atinaba a ver el desfile de mundos a lo lejos y a oír el vozarrón del Señor Dios.

- Bueno – prosiguió el Señor Dios -, pues si entendiste, ya sabes que ésa que te señalo es la Tierra. Vas a irte allá sin perder tiempo, te dirigirás a una aldea llamada Nazaret, que está cerca de un lago al cual los hombres llaman de Genezaret. Aprende bien el nombre para que no cometas errores. En esa aldea de Nazaret vive una mujer llamada María. Hace un momento la vi llevando agua a su casa y tal vez, no haya llegado todavía, vestía de azul claro, llevaba un paño morado sobre la cabeza y arreaba un asno cargado de botijos de agua. Te doy todos esos detalles para que no te confundas. Podrás conocerla, además, por la voz, pues su voz es melodiosa como ninguna otra. Si sucede que al llegar tú ya ella se ha metido en su choza, pregunta a cualquiera que veas por María, la mujer del carpintero José, es seguro que te dirán dónde vive, porque la gente de la Tierra es curiosa y amiga de novedades, razón por la cual te ayudarán para después pasarse un mes charlando sobre tu visita a la joven señora. ¿Me vas entendiendo?

- Si, Señor Dios.

- Entonces queda poco por decirte. Al llegar allá te dirigirás a María con mucha urbanidad y le dices que Yo he dispuesto tener un hijo y que ella será la madre, que se prepare, por tanto, a ser la madre del Hijo de Dios. Eso es todo. ¡Vete en el acto, que tengo un poco de sueño y antes de dormir quiero saber cómo te irá en tu embajada!

San Gabriel iba a salir cuando se le ocurrió preguntar:

- ¿Y si me pregunta cómo va a ser Su Hijo, qué nombre habrá de ponerle, qué oficio tendrá?

- Le dirás que será como todos los hijos de hombres y mujeres y que sólo ha de distinguirse de los demás por la grandeza y la luminosidad de su espíritu, que será humilde, bondadoso y puro, que le llame Jesús y que su oficio será mostrar a la humanidad el camino del amor y del perdón. Le dirás también que está llamado a sufrir para que los demás puedan medir el dolor que hay en la Tierra comparándolo con el que él padecerá y porque sólo sufriendo mucho enseñará a perdonar también mucho.

El Arcángel no esperó más. Sentía que las palabras del Señor Dios henchían su alma, la llenaban con fuerza musical, con algo cálido y hermoso. Se le olvidó despedirse, cosa que el Señor Dios no le tomó en cuenta porque pensó que no podía aprenderlo todo de golpe. Un instante después, San Gabriel veía la Tierra tan cerca que casi podía tocarla.

CAPITULO II

Viendo las ciudades de la Tierra, los ricos palacios en lo alto de las colinas y a orillas de los mares, admirando el esplendor con que vivían los reyes y sus favoritos, los grandes mercaderes y los jefes de tropas, San Gabriel se preguntó por qué el Señor Dios había resuelto tener un hijo con una mujer pobre, que moraba en choza de barro y arreaba asnos cargados de agua por caminos polvorientos. ¿No era el Señor Dios, el verdadero rey de los mundos, el dueño del Universo, el padre de todo lo creado? ¿No debía ser su hijo pues, otro rey? Si tenía que nacer de mujer, ¿por qué Él no había escogido para madre suya a una reina, a la hija de un emperador, a la heredera de un príncipe poderoso? A juicio de San Gabriel, el Hijo de Dios, debía nacer en lecho adornado con cortinas de terciopelo y seda, entre oro y perlas, rodeado por grandes dignatarios y damas deslumbrantes y a su alrededor debía haber un ejército de esclavos listos a servirle; así, todos los pueblos le rendirían homenaje y veneración desde su nacimiento y los grandes y los pequeños le obedecerían porque estaban acostumbrados desde hacía muchos siglos a respetar y honrar a quienes nacían en cunas de reyes. ¿Había dicho el Señor Dios que Su Hijo estaba llamado a mostrar al género humano, el camino de la paz, del amor y del perdón había él oído mal? De ser así, ¿no le sería más fácil imponer la paz si nacía hijo de rey y por lo mismo, obedecido por millares de soldados que harían lo que Él les ordenara?

El Arcángel San Gabriel se detuvo un momento a meditar. Pensó que tal vez él estaba equivocado, a lo mejor se había confundido y el Señor Dios no le había hablado de choza, ni de mujer pobre, ni de asno, ni de botijos de agua. Volvería allá arriba a preguntarle al Señor y hasta de ser posible discutiría con Él, el asunto.

Pero el hermoso ángel ignoraba que el Señor Dios estaba mirándolo e ignoraba también que el Señor Dios sabía qué cosa estaba pensando él en tal momento. Podemos imaginar, pues, el susto que se llevó cuando oyó la enorme voz del Señor Dios llamándole. He aquí lo que le dijo el Señor Dios:

- Gabriel, estás pensando mal. Te dije lo que te dije, no lo que tú crees ahora que debí decirte. Mi Hijo nacerá en casa pobre, porque si no es así, ¿cómo habrá de conocer la miseria y el padecimiento de los que nada tienen que son más que los poderosos? ¿Cómo quieres tú que Mi Hijo conozca el dolor de los niños con hambre, si Él crece harto? Mi Hijo va a ofrecer a la humanidad el ejemplo de su sufrimiento, ¿y quieres tú que se lo ofrezca desde el lujo de los palacios? Gabriel, ¡no me hagas perder la paciencia, caramba! No te metas a enmendar mis ideas. Cumple tu misión y hazlo pronto, que estoy cayéndome de sueño y no me hallo dispuesto a perdonarte si me desvelo por tu culpa.

¡Ya lo sabes!

¿Qué más debía decirse? El pobre Arcángel estuvo a punto de caer de bruces en pleno lago de Genezaret, pues del susto se le olvidó usar las alas. En un segundo se dirigió a la choza del carpintero José, y tan asustado iba que pegó un cabezazo contra la pared. En el acto se le formó un chichón. Para suerte suya la choza no era uno de esos palacios de mármol donde él creyó que debía nacer el Hijo de Dios, pues de haber sido uno de ellos, el hermoso Arcángel se habría roto un hueso.

Frente a la choza había un hombre barbudo, de cara bondadosa, que aserraba un madero. “Este debe ser el carpintero José”, pensó San Gabriel. Y era José sin duda, pues cerca de él había un rústico banco de carpintero y sobre éste, madera cortada e instrumentos del oficio.

- ¿Qué desea usted? – le preguntó el carpintero, a quien le pareció muy raro que el visitante, en vez de tocar a la puerta como lo hace todo el mundo, llamara golpeando con la cabeza en la pared.

- Deseo saber dónde vive el carpintero José – explicó el Arcángel.

- Aquí mismo, joven, yo soy José. Le advierto que si viene a buscarme para algún trabajo, me halla con muchos compromisos.

Esa era una manera de estimular el interés del visitante, pues la verdad es que José estaba por esos días sin trabajo. De ahí que le desconsolara mucho oír al recién llegado, que decía:

- No, señor, se trata de otra cosa. Yo vengo a hablar con María, su mujer.

- ¿María? – dijo José, como un eco -. Fue a la fuente en busca de agua. Tendrá que esperarla un poco. ¿Desea sentarse?

- No, prefiero esperarla aquí.

José no perdió del todo la esperanza y se puso a hablarle al visitante de su oficio.

- A mi siempre me están buscando para trabajos de carpintería –afirmaba- porque nadie hace mesas y reclinatorios tan buenos ni tan baratos como yo. Por eso me mantengo ocupado todo el año.

José hablaba y San Gabriel pensaba en la rapidez con que se habían producido los hechos desde su aparición al conjuro del soplo del Señor Dios. Todo había sucedido tan deprisa que todavía María no había vuelto de la fuente.

El Señor Dios la había visto arreando el asno y antes de que ella retornara a su casa había nacido el arcángel, había oído las recomendaciones del Señor Dios, había viajado a la Tierra, había pensado disparates, se había casi descabezado contra la pared de la choza y había cambiado frases con José.

- Caramba – se dijo él lleno de asombro – la verdad es que mi jefe actúa sin perder tiempo.

¿Sin perder tiempo? ¿Y qué es el tiempo para el Señor Dios, si ocurre que a la vez Él es el tiempo y está más allá del tiempo? El tiempo es algo así como la respiración de los mundos y el Señor Dios es la vida misma de los mundos, de manera que el tiempo viene a ser la respiración del Señor Dios, ideas muy complicadas desde luego para San Gabriel. Desde allá arriba el Señor Dios veía esas ideas en la cabeza de su embajador y pensaba: “A este Gabriel le valdría más recordar mis instrucciones y no meterse en honduras porque ya va llegando María”.

Así sucedía, en verdad. Con su alegre y linda cara de muchacha, María iba acercándose a la choza. De sólo verla, el Arcángel la conoció, lo cual no tuvo buenos resultados porque como estaba pensando en aquello del tiempo, se turbó y olvidó que el Señor le había recomendado usar modales urbanos para dirigirse a la joven señora. También es verdad que él nunca antes había hablado a una mujer; que en un instante había pasado de la nada a la vida y había viajado de los cielos a la Tierra, en fin, que había tenido muchas emociones y muchas experiencias en corto rato, lo cual tal vez podría explicar su turbación. Es el caso que cuando María llegó, se le puso delante y sólo atinó a decir esto:

- Si no me equivoco, usted es María, la mujer de ese señor que está ahí aserrando madera. Bueno, yo tengo que hablar con usted algo muy importante. Se lo voy a decir en presencia de su marido, porque según me dijo el Señor Dios, la gente de esta Tierra es muy dada a charlar sobre todas las cosas y es mejor que haya testigos. Lo que tengo que decirles es que el Señor Dios va a tener un hijo y usted va a ser la mamá. Con que ya lo sabe. Si tiene algo que preguntar, hágalo ahora mismo porque el Señor Dios se siente con sueño y no quiere que yo pierda el tiempo hablando tonterías con usted.

La joven María se quedó boquiabierta, más propiamente, muda del asombro. Pero el que se asustó más fue su marido. Tan pronto oyó lo que había dicho San Gabriel, soltó la sierra y salió detrás del Arcángel, que ya se iba.

- ¡Oiga, amigo! ¿Usted sabe lo que ha dicho? ¿No sabe usted que el Hijo de Dios va a tener que sufrir mucho, según dicen las Escrituras y que van a matarlo en una cruz?

San Gabriel atajó aquel torrente de palabras explicando:

- Todo lo que usted quiera, señor, pero yo he venido a cumplir una misión que me encomendó el Señor Dios. Yo lo siento mucho, pero lo que le suceda al Hijo de Dios no es asunto mío. Lo único que puedo decirle es que su papá quiere que le pongan el nombre de Jesús.

Dicho lo cual pegó un salto, extendió las alas y se perdió en el cielo, a tal velocidad que ningún ojo humano podía seguirlo.

El bueno de José cayó de rodillas, se agarró una mano con la otra, elevó las dos a lo alto y después se dobló hasta pegar la cabeza con el polvo del camino.

- ¡Ay María, María! –exclamó- ¿Cómo se te ocurre tener un hijo de Dios? ¿No sabes que todos los profetas han dicho que el Hijo de Dios tendrá que sufrir mucho entre los hombres, que será escarnecido, torturado y muerto en una cruz, como el peor de los criminales? ¿Qué va a ser de nosotros, María? ¿Por qué te has metido en tal compromiso sin hablar antes conmigo?

La pobre María oía a su marido sin lograr comprender por qué hablaba así. Pues qué tenía ella que ver con lo que dispone el Señor Dios, ¿qué sabía ella de lo que había hablado San Gabriel, a quien nunca antes había visto y cuyo nombre ignoraba?

El Señor Dios veía a la joven María confundida, a José con el rostro desfigurado por el sufrimiento y sólo atinó a intervenir diciendo:

- ¡No seas tonto, José, que María no ha tenido parte en la decisión mía, y el nacimiento de Mi Hijo no es cosa suya, ni tuya, sino mía!

Lo cual era verdad, pero también es verdad que desde que los hombres comenzaron a poblar la Tierra, habían adquirido la costumbre de echar sobre sus mujeres la culpa de cuanto pasaba. El Señor Dios ignoraba esto porque Él nunca había visto de cerca cómo se comportaban los matrimonios, debido a que lo ignoraba, le habló así a José. De haber estado al tanto de pequeñeces como ésa, habría pasado por alto las palabras del marido de María, pues es lo cierto que tenía sueño y quería echar una siesta.

Una siesta del Señor Dios puede ser de días, de meses o de años. Pero la de esa ocasión no iba a ser muy larga. Porque he aquí que Él estaba en lo mejor del sueño cuando de pronto despertó diciendo:

- Caramba, si ya va a nacer Mi Hijo. Por poco lo olvido.

Desde hacía millares de siglos nacían niños en la Tierra. Nacían hijos de reyes, de labriegos, de pastores, de guerreros; nacían niños blancos, amarillos, negros; nacían hembras y varones, unos robustos, otros débiles; unos chillones y otros casi callados, unos ricos y otros pobres, unos de ojos azules y otros de ojos castaños y de ojos negros; niños de todas clases, de todas las figuras; niños que nacían en medio de las guerras, en los campamentos, entre lanzas y sables y caballos y niños que nacían en los bosques, rodeados de árboles, de pajarillos y de mariposas; niños que nacían en los caminos, mientras sus padres viajaban y niños que nacían en las barcas, sobre los ríos y los mares; niños que nacían en grandes casas llenas de alfombras y niños que nacían en las cuevas de los pastores, al pie de las montañas. Lo que jamás se había visto era el nacimiento de un niño que fuera el Hijo del Señor Dios. El Señor Dios no tenía experiencia en casos de nacimientos, lo cual explica que el de Su Hijo le tomara de sorpresa.

Así sucedió. El Señor Dios despertó cuando ya Su Hijo estaba a punto de nacer. Ahora bien, Él había resuelto que el niño nacería pobre y nacer pobre es tanto como nacer desconocido. Si el alumbramiento de María se hubiese dado en Nazaret, alguna gente iría a ayudarla, a ver a la criatura, no faltarían los vecinos, los parientes y los conocidos de María y de José. En ese caso, no se cumpliría la voluntad del Señor Dios. El niño, pues no nacería en la aldea de Nazaret y a fin de que así fuera el Señor Dios hizo correr la voz de que María y José tenían que hacer un viaje a Belén porque el emperador de Roma, que gobernaba en esos lugares, había ordenado que todo el mundo debía inscribirse en el sitio de donde procedía su familia. La familia de María era de Belén de Judá, un pueblo que estaba al sur de Nazaret. En Belén habían nacido muchos cientos de años antes, un rey llamado David. En Belén debía nacer el Hijo de Dios.

Montando el asno que usaba para llevar agua de la fuente a la casa, María iba hacia Belén por caminos llenos de polvo y de piedras rojizas. El sol de los inviernos calentaba toda la llanura; casi hacía hervir el aire. María cubría su rostro con un paño de color rojo, el asno caminaba despacio y detrás iba José agitando una rama seca con la cual pegaba de vez en cuando al paciente borrico. Cada cinco o seis horas se detenían; era cuando llegaban a las cercanías de un pozo, donde debían coger agua para el camino. Pues en las tierras donde nació el Hijo de Dios, apenas hay ríos; la sed atormenta a las bestias y a las gentes; en escasos lugares se ven árboles y sólo se hallan con profusión arbustos espinosos; los vientos levantan nubes de tierras quemadas por la sequía y las ovejas se refugian a la sombra de las montañas, donde el rocío nocturno permite que crezcan los yerbajos que necesitan para sustentarse.

Con gran trabajo llegaron María y José a Belén y hallaron el poblado lleno de forasteros, visitantes de las aldeas vecinas que iban allí a inscribirse y aprovechaban el viaje para vender lo poco que tenían. Las pequeñas calles eran muy estrechas y torcidas, de manera que el borrico, cargado con María, apenas podía pasar por entre los montones de quesos, de pieles de carneros, de higos y de botijos que los vendedores extendían sobre las piedras. Mientras pasaba, José iba gritando que pagaría bien a quien le ofreciera una habitación para él y para su mujer, que llegaban de lejos y necesitaban albergue. Pero nadie podía ofrecerles techo, ni aún por una noche. Las casas, en su mayoría pobres estaban llenas desde hacía días con los visitantes de los contornos. Nadie ponía atención en los gritos de José, que estaba angustiado porque sabía que su mujer iba a dar a luz y quería que lo hiciera como todas las mujeres, en una habitación. José no sabía que el Señor Dios había dispuesto que Su Hijo debía nacer pobremente, tan pobremente como podría nacer un ternero o un potrillo.

Siguieron pues, María y José cruzando las callejuelas. Veían pasar ante ellos jóvenes con corderos cruzados sobre los hombros, muchachos que llevaban palomas enjauladas o racimos de perdices muertas; pasaban ancianas con telas que ellas mismas habían tejido; de vez en cuando cruzaban grupos de asnos cargados con botijos de vino y de aceite. Todo el mundo gritaba ofreciendo algo en venta. Belén estaba lleno de mercaderes.

No habiendo hallado albergue para él y para María, José fue a dar a un establo, hacia el camino del sur. En el establo descansaban las bestias de labor de campesinos que iban a Belén y se veían allí mulas, bueyes, jumentos y caballos, cabras y ovejas. Como José y María llegaron tarde, casi todas las bestias dormían ya. El sitio era pobre, con el techo en ruinas, las paredes a medio caer, el piso lleno de excremento de los animales. Pero había calor, el calor que despedían las bestias y un olor fuerte, que resultaba a la vez grato, parecía llenar el aire del lugar.

Cuando el Señor Dios despertó, ya estaba naciendo Su Hijo. Nació sin causar trastornos, muy tranquilamente; pero igual que todo niño, gritó al sentir el aire en la piel. Gritó y un viejo buey que estaba cerca, volvió los ojos para mirarle; mugió, acaso queriendo decir algo en su lengua, y su mugido hizo que una mula que estaba a su lado se volviera también para ver al recién nacido. En ese momento fue cuando el Señor Dios abrió allá arriba las nubes y dijo:

- ¡Pero si ya nació Mi Hijo!

- De momento el Señor Dios pareció desconcertado. Nunca había El pasado por un caso igual, pues aunque los mundos y todo lo que en ellos hay habían sido creados por Él, jamás había tenido un hijo directo, nacido de su propia esencia. Lo primero que hizo fue preguntarse qué debía Él hacer para que la gente supiera que Su Hijo había llegado a la Tierra. (Fragmento).