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martes, 19 de noviembre de 2013

Keshia Thomas:La buena samaritana negra que salvó al racista de la muerte

http://www.sabanaiglesia.org
Desde el corazón de Sabana Iglesia
19 de noviembre del 2013


 
La buena samaritana negra que salvó al racista de la muerte
Keshia Thomas protege al hombre en el suelo mientras le golpean / Mark Brunner
 
Al ver sus fotos de Thomas protegiendo al hombre con su cuerpo de la turba Brunner dice: "A todos nos gustaría ser como Keshia. No pensó en sí misma. Sólo hizo lo correcto". Una buena samaritana del siglo XX. Como dijo Jesús: “Ve y haz tu lo mismo”.

Keshia Thomas tenía 18 años cuando el Ku Klux Klan (KKK), una organización que aboga por la supremacía blanca, celebró una movilización en su ciudad natal Ann Arbor (Michigan, Estados Unidos) en 1996. Una historia que acaba de rescatar y publicar la BBC, recordando que otra forma de convivir es posible.


Liberal, progresista y multicultural, la ciudad elegida era un lugar era extraño para esta convocatoria del KKK y, de hecho, cientos de personas del lugar, muchas de raza negra, se reunieron para demostrarles que no eran bienvenidos.

Se palpaba la tensión en el ambiente, aunque todo aparentaba orden. La policía antidisturbios, armada con gases lacrimógenos, protegía al pequeño grupo de miembros del KKK, ataviados con batas largas blancas y sus gorros en forma de conos.

Al otro lado de una valla levantada para la manifestación, se encontraba Thomas junto a un grupo de opositores al KKK. De repente, una mujer del grupo con un megáfono empezó a gritar: "¡Hay un hombre del Klan en la concentración!".

Allí estaba un joven fotógrafo llamado Mark Brunner, testigo del episodio, que inmortalizó lo ocurrido. En su opinión lo que ocurrió fue extraordinario.

LA PERSONA INADECUADA EN EL SITIO INADECUADO
Todos giraron la cabeza y vieron a un hombre blanco, de mediana edad, que llevaba una camisa con la bandera de los Estados Confederados de América, que se identifica con el KKK. El hombre intentó marcharse, pero los manifestantes, incluyendo Thomas, lo siguieron "sólo para hacerle correr" al principio.

No era seguro que el hombre fuese del Ku Klux Klan, pero para los manifestantes que se oponían a ese movimiento, su ropa y sus tatuajes representaban exactamente lo que ellos fueron a rechazar. Además de la bandera confederada, llevaba en su brazo el tatuaje SS -acrónimo de la infame organización nazi-.

Se escucharon gritos como "¡Maten al nazi!" y entonces lo tiraron al suelo. La turba le rodeó, y empezaron a darle patadas y golpes con los palos de las pancartas. "Se convirtió en algo de bestias", recuerda Thomas.

La adolescente negra, que estudiaba el bachillerato, se lanzó encima de aquel hombre al que no conocía y su cuerpo se convirtió en un escudo contra los golpes que le propinaban. "Cuando lo tiraron al suelo, sentí como si dos ángeles levantaban mi cuerpo y me echaban sobre él para protegerlo", dice Thomas, convencida creyente.

FE Y CONVICCIONES
¿Qué le dio a Thomas el ímpetu para ayudar a un hombre cuyas ideas parecían ser tan opuestas a las suyas? Ella explica que sus creencias jugaron un papel importante, unida a su propia experiencia con la violencia

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