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martes, 26 de noviembre de 2013

Manolo Tavarez y Minerva Mirabal: unidos en el amor y el patriotismo (1 DE 2)

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Desde el corazón de Sabana Iglesia
26 de noviembre del 2013

  • Pareja. Tanto Minerva Mirabal como Manolo Tavárez eran bien parecidos. Ella, alta, esbelta, con el estilo de la mujer europea de fina clase social y él con un porte de caballero y una amabilidad incomparable con las damas, hacían la pareja perfecta.

El compartir sus aspiraciones en la vida, sus visiones sobre el rumbo que llevaba el país y sus ideales patriótiócos, selló la atracción física que ambos sintieron al conocerse en el verano de 1953, y que dos años después se convirtiera en un matrimonio revolucionario.
Él era un joven de Monte Cristi y ella una muchacha acomodada de Salcedo. Los dos habían hecho un Bachillerato en Filosofía y Letras; él en la Capital y ella en La Vega, y cursaban la carrera de Derecho en la Universidad de Santo Domingo.
Ambos estaban de vacaciones en La Poza, un centro recreativo de Jarabacoa al que acudían las familias de buena posición económica, y la hermana de Manolo, Ángela Tavárez, reaccionó sorprendida por las tantas cosas que Manolo y Minerva tenían para decirse, acabándose de conocer.
Manuel Aurelio (Manolo) Tavárez Justo creció con el liderazgo del niño brillante en la escuela y estudiante universitario admirado por sus profesores y compañeros de estudios por la excelente interpretación que hacía de los textos jurídicos.
Desarrolló sensibilidad social y política en el seno de su familia, debido a la identificación de sus padres, Manuel Tavárez y Josefa Justo Rosseau, con las luchas nacionalistas y el repudio a la primera invasión norteamericana de 1916. Para 1922, ya era miembro de la organización “La Logia Azul”, que enseñaba a los jóvenes a amar la libertad.
María Argentina Minerva Mirabal Reyes, una niña privilegiada que podía comprar todos los libros que quisiera y aprender de todo un poco, también se destacó en su edad escolar, y siendo estudiante de Derecho mostró los más fervientes deseos por defender a quienes fueran atropellados en sus derechos.
Su fervor por las luchas democráticas también lo adquirió en su hogar, a raíz de la indignación que sentía su padre, Enrique Mirabal Fernández, por la tanta gente que mataron los americanos durante la invasión de 1916 y ante el comportamiento dictatorial del gobierno de Rafael Leonidas Trujillo, así como por los constantes relatos que le hacía su tío José sobre los abusos que cometía el dictador contra la población.
Pero lo que más repugnancia le causó a Minerva y la hizo no temer a Trujillo y, por el contrario, hablar abiertamente de sus atropellos en grupos de amistades y familiares, fue ver que su compañera de habitación en el internado del colegio Concepción de La Vega, no podía dormir por el recuerdo de haber visto a su padre desangrarse y morir por ser enemigo de Trujillo.
Lo peor aún fue que esa niña estaba en ese colegio becada por el tirano, quien acostumbraba a enmendar la muerte de algunos valientes hombres, asegurando el futuro educativo de los hijos que habían quedado huérfanos.
La hermana de Manolo Tavárez Justo, Emma Tavárez Justo, tuvo una activa participación en las concentraciones populares que defendían el honor de su hermano.
Para el año 1946, la joven “rebelde” quiso participar en un mitin de oposición en la ciudad de La Vega, en el que estaban Chito Henríquez, los hermanos Félix Servio y Juan Doucudray; y para 1947 estuvo averiguando cómo hacer contactos con los expedicionarios de Cayo Confites.
Minerva no pudo defender los derechos de su pueblo desde una bancada de abogados, ni amparar con el peso de la ley a quienes sufrieran humillaciones y maltratos en evidente violación a la vida, porque ella misma fue víctima del opresor, viéndose impedida de ejercer su carrera al graduarse en 1957.
Aunque Manolo sí ejerció la carrera, fue con sus vidas que ambos asumieron el verdadero rol de defensores de la gente, concienciando a sus seguidores de que debían mantenerse unidos y valientes para derribar a quien ofendiera la dignidad humana y limitara el desarrollo político, económico y social.
Los dos murieron en el de batalla, con la frente en alto porque nunca flaquearon ante sus ideales, por fuerte que fuera el dolor de la carne, el hambre, la sed y la indignación, y dejando el más apreciado legado que se le puede dejar a las futuras generaciones: el respeto a la vida.
Fueron osadas sus propias intenciones de derrocar un régimen desde afuera, sin conocer sus debilidades, como lo sabían sus séquitos y personas allegadas que ofendidas con el maltrato a la población y a sus propias familias, se armaron de valor para detener de una vez por todas la sangre derramada.
Manolo y Minerva dieron sus vidas, pero crearon la plataforma que más tarde acabaría con una dictadura de 31 años, y hoy son ejemplo de sacrificio y merecedores del respeto más puro, de parte de sus compañeros de ideales que sobrevivieron a la furia del tirano, así como por la sociedad en su conjunto.

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