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sábado, 25 de abril de 2015

TRUJILLO: Efecto tardío de la restauracion

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 @EdwinAlmonte

OPINION: Trujillo: efecto tardío de la Restauración
Por: NASARQUÍN SANTANA

La Segunda República fue gestada por la Guerra Restauradora en 1863. De no haber colapsado, probablemente no se habría producido la intervención norteamericana de 1916, sin la cual, las condiciones que posibilitaron el surgimiento de Trujillo tampoco se habrían dado.  La relación secuencial que entrelaza los tres eventos valida el título.  Ahora bien, ¿tienen acaso aquellos sucesos, remotos en apariencia, alguna conexión con la realidad actual? Si aceptamos que la dictadura trujillista condicionó el nacimiento del partido blanco del que se desprendió el morado, queda demostrado que sí. Los silogismos pudieran sorprender, pero sus premisas son válidas y las conclusiones categóricas. Por tanto, pensar que los efectos del fracaso de la anexión terminaron siglo y medio atrás con la victoria militar de los restauradores, sería desconocer la naturaleza dialéctica de los fenómenos sociales en virtud de la cual estos mismos se convierten en causa de nuevos acontecimientos.
EL AUTOR es economista y ensayista. Reside en Santo Domingo
EL AUTOR es economista y ensayista. Reside en Santo Domingo
Los gobiernos de la Segunda República pueden verse como engendros de partos dolorosos paridos a lo largo de medio siglo. Salvo honrosas excepciones, casi todos nacieron con una malformación congénita que decretó su muerte en 1916. Ingobernabilidad y despropósitos fueron sus resultados más notorios. Así lo evidencian el fusilamiento de su primer Presidente, el intento de anexión a EUA y la formal cesión de los territorios ocupados por Haití. La dictadura y asesinato de Lilís, es solo otro de múltiples ejemplos. El fraudulento empréstito Harmont concertado tres años después de concluir la Guerra Restauradora, fue el traspié que condicionó la entrega de las aduanas a EUA y la referida ocupación de esa potencia. Trujillo fue un parto natural de esa intervención, y por consiguiente sus raíces originarias anclan forzosamente en la inconsistencia de propósitos y falta de cohesión de quienes por medio siglo capitalizaron políticamente el resultado ganancioso del Grito de Capotillo.
El triunfo de los restauradores se produjo en el plano militar, pero la derrota que los sucesivos gobiernos que encabezaron sufrieron en el terreno político y social le hizo un daño irreparable a la República. Reconquistar la soberanía no garantizó la recreación simultánea de un ambiente favorecedor de la independencia económica, la paz y la felicidad ciudadana. De haber alcanzado su gestión gubernativa la altura de su éxito militar, probablemente Trujillo no habría exhibido su bicornio de dictador, al menos por tanto tiempo; el estadio de desarrollo estaría en todos los órdenes mucho más avanzado que el actual. Esto así, porque el modelo trujillista sumó al rezago acumulado a su inicio, los efectos negativos de una economía virtualmente monopolizada que debilitó las energías creativas y constriñó el proceso de movilidad de las clases sociales. En esa circunstancia de amordazamiento hallan su valor histórico genuino las frustradas expediciones de Cayo Confites y de Constanza, Maimón y Estero Hondo; se eternizan las Mirabal y refulge el 30 de Mayo como hito luminoso.
Siendo Trujillo el último eslabón de la cadena de eventos concatenados a la Restauración, con su desaparición en 1961 es cuando cesan definitivamente los efectos causados por el revés de la anexión en 1865. Ese año marcó el punto de partida de un infecundo y tormentoso zigzaguear de la sociedad dominicana que terminó un siglo después con la Revolución de Abril de 1965. Con ésta se dio el salto histórico que despabiló la conciencia nacional y generó el punto de inflexión positivo en la curva de evolución política, económica y social de la República.

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